La elegancia de lo atemporal en Alto Prado

Hay edificios que no necesitan reinventarse para seguir vigentes.

Este, en una esquina privilegiada de Alto Prado, lo demuestra con su fachada en ladrillo, líneas atemporales y un mantenimiento que habla por sí solo.

Un apartamento por piso, dos ascensores y una zona verde que introduce una pausa en medio de la ciudad.

El ascensor llega directamente al apartamento de 240M2, abriéndose a un foyer que marca una transición sutil hacia el área social.

La sala y el estudio independiente se integran con naturalidad, mientras el comedor, encuentra su propio ritmo para reuniones más formales.

Aquí es fácil imaginar la vida cotidiana tomando forma: conversaciones largas, espacios que se habitan sin prisa.

La ventanería —renovada— aporta aislamiento acústico y control solar, afinando la experiencia interior.

El aire central en el área social se mantiene.

La cocina y los baños fueron actualizados en su momento, alejándose de lo original para ofrecer una lectura más vigente del espacio. La cocina, cerrada, amplia y con generosa luz natural, se complementa con una zona de servicio funcional, conectada a un ascensor independiente.

En la zona privada, tres habitaciones con baño en suite.

Un family room articula este sector, creando un punto de encuentro más íntimo, donde también se puede proyectar ese día a día más familiar.

Un conjunto de decisiones que, sin ser evidentes a primera vista, terminan definiendo la forma en que se vive —y se imagina— el espacio.

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