Un penthouse dúplex donde la ciudad se convierte en paisaje privado.
En Alto Prado, este dúplex de 372 m² construidos —314 m² registrados más balcones que expanden cada escena— empieza con mármol bajo cada paso y una sensación difícil de explicar: aquí todo fue pensado para alguien acostumbrado a vivir sin pedir permiso.
La sala y el comedor se miran de frente, con el balcón como testigo silencioso de conversaciones largas, celebraciones íntimas y atardeceres que entran sin anunciarse. A un lado, el estudio espera su próxima conspiración creativa. Del otro, la cocina cerrada guarda secretos que solo conocen quienes entienden que el verdadero lujo también necesita privacidad.
Cuarto y baño de servicio, zona de labores independiente y espacios que funcionan con la misma precisión con la que se vive aquí.
Cuatro habitaciones. Todas con baño privado. Dos con vestier, porque hasta la ropa merece una dirección a la altura.
Incluye tres parqueaderos. Y afuera, una fachada blanca donde viven apenas 16 familias, dos apartamentos por piso. Lo suficiente para sentirse acompañado; lo suficientemente exclusivo para seguir siendo escaso.
Ascensor, piscina, gimnasio, BBQ, salón social y juegos infantiles completan las comodidades. Aunque la verdadera comodidad aquí es otra: saber que no cualquiera entra… y que muy pocos pueden quedarse.














